Balmis y Zendal. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

Como se acerca Navidad y la situación se torna delicada, os contaré la historia de cómo unos españoles llevaron el mejor regalo de Navidad posible, allende los mares. Una vacuna para ayudarlos a todos.

Puede que no hayáis leído este hilo que enlazo abajo Habla de Edward Jenner, el descubridor de la vacuna para la viruela. Es una historia apasionante.

Ésta es una historia fascinante, paralela pero relacionada. De cómo entre 1803 y 1806, dio la vuelta al mundo propagando la vacuna antivariólica en extensos territorios de América y también en algunas zonas de Asia.

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Francisco Javier de Balmis y Berenguer fue un médico militar español (Alicante el 2 de diciembre de 1753). Terminó sus estudios secundarios a los diecisiete años y comenzó su carrera de medicina en el Hospital Real Militar de Alicante .

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Residió en La Habana y en México, donde sirvió como primer cirujano en el Hospital de San Juan de Dios. Allí estudió remedios para enfermedades venéreas que le serviría para publicar más tarde el «Tratado de las virtudes del agave y la begonia» (Madrid, 1794).

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Alcanzó gran prestigio como médico y obtuvo el cargo de cirujano de cámara de Carlos IV (1795). Dos años después se graduó en Medicina por la Universidad de Toledo y continuó su formación en Madrid, donde conoció y difundió la vacuna contra la viruela. En 1796 publicó «Introducción para la conservación y administración de la vacuna», y para el establecimiento de juntas que cuiden de ella, y en 1803 tradujo la obra de Jacques Louis Moreau Tratado histórico y práctico de la vacuna contra la viruela.

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Balmis persuadió al rey de enviar una expedición a América a propagar la recién descubierta vacuna de la viruela.

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Balmis y José Salvany fueron el alma de la expedición, junto a la enfermera Isabel Zendal, encargada de cuidar a los niños portadores del virus. Porque no olvidemos que en aquella época, la posibilidad logística y de recursos para llevar un ‘regalo’ como aquel eran escasos.

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Balmis pensó que el medicamento no podría aguantar una travesía tan larga e ideó un plan: llevó con él a 22 niños huérfanos menores de 10 años para conseguir pasar la vacuna de unos a otros cada cierto tiempo. Otros 26 pequeños, fueron los portadores del virus que posibilitaron la distribución de la vacuna en Filipinas, que partieron del puerto de Acapulco rumbo a Manila en febrero de 1805 y que, en contra de la creencia general, no eran huérfanos obligados a realizar la travesía sino niños de4-14 años de territorios de México (Zacatecas, Fresnillo o Querétaro) cuyos padres habían autorizado a cambio de una “gratificación”. El documento, «Nómina de los niños que Francisco Javier de Balmis llevó a Filipinas en la expedición filantrópica de la vacuna». El documento incluye los nombres de los padres, la edad de los menores , la procedencia y la “calidad”, un casillero en el que aparece si son “españoles” o “mestizos” Una lista de los nombres de dichos niños puede verse en el Archivo de Indias de Sevilla.

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Es decir, vacunó a algunos niños para luego poder extraer el fluido de las pústulas que se formaban en su cuerpo y poder así trasladar la vacuna de un cuerpo a otro.

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La expedición partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo de la corbeta María Pita. De allí viajó a San Juan de Puerto Rico, La Guaira, Puerto Cabello, Caracas, La Habana, Mérida, Veracruz y la Ciudad de México.

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La vacuna llegó a lugares tan lejanos como a Texas en el norte y a Nueva Granada en el sur. Aunque no el propio Balmis, otros miembros de su expedición, entre ellos el doctor Salvany, llevaron la vacuna a América del Sur y hasta Chiloé, en la actual República de Chile, y en esa época el territorio más al sur bajo dominio español en el Pacífico. En la Ciudad de México, a Balmis le costó convencer al virrey José de Iturrigaray, pero finalmente él y su hijo fueron vacunados.

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José Salvany y Lleopart nació en Cervera (Lérida) en 1777. Se licenció en Cirugía en Barcelona. Ingresó en el Ejército sirviendo exitosamente como cirujano militar hasta que Balmis solicita su incorporación a la expedición y le permite conservar su condición de militar.

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Tras separarse la expedición en La Guaira, Salvany se adentró en los actuales Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú, Chile y Bolivia. A pesar de haber perdido la visión en un ojo, continuó con la misión de llevar la vacuna lo más lejos posible.

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Después de siete años y más de 18.000 km de épica misión, débil, exhausto y gravemente enfermo de malaria, difteria y tuberculosis, Salvany moría en Cochabamba (Bolivia) a los 33 años. En Barcelona, el edificio de Salud Pública de la calle Roc Boronat 81 lleva su nombre.

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La expedición llevaba 2.000 ejemplares del «Tratado práctico e histórico de la vacuna» del francés Moreau de Sarthe para distribuirlos a las comisiones de vacunación que se iban creando en cada lugar, y que así pudieran aprender y seguir ininterrumpidamente con la vacunación. Como decíamos Isabel Zendal, era la encargada de cuidar y supervisar a los «22 ángeles». Isabel era una enfermera gallega (La Coruña, 26 de febrero de 1773), que participó en la expedición cuidando de los veintidós niños de la Casa de Expósitos de La Coruña y de los veintiséis que fueron a Filipinas, durante los diez años que duró la expedición para llevar la vacuna de la viruela a los territorios españoles de ultramar.

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Es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera de la historia en misión internacional. Isabel Zendal Gómez dejó su puesto en el hospicio para hacerse cargo de los 22 niños que llevaron la vacuna. Balmis, desde Macao en 1806, escribiría sobre ella: “La mísera rectora, que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades”.

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La vacuna debía ser llevada por niños que no hubieran pasado la viruela y se transmitía de uno a otro cada 9 o 10 días. Niños entre los que se encontraban su hijo Benito Vélez, de nueve años. La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasaron un mes vacunando. La expedición salió de Canarias el 6 de enero de 1804 y llegó a Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. El 7 de febrero de 1805 la expedición partió de Acapulco rumbo a Filipinas a bordo de la fragata Magallanes y llegaron a Manila el 15 de abril de 1805. El 14 de agosto de 1809 la expedición regresó a Acapulco. Isabel permaneció en Puebla con su hijo; ya no volvieron a España.

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Corbeta María Pita

Otros integrantes de la expedición fueron, además de Balmis, y José Salvany Lleopart como subdirector; dos ayudantes cirujanos, Manuel Julián Grajales, quien en 1805 obtuvo el grado de doctor en Medicina por la Universidad de Santiago de Chile, y Antonio Gutiérrez Robredo, propuesto por el director de la expedición por tratarse de su discípulo predilecto; dos practicantes, Francisco Pastor Balmis, sobrino del director y, según él, “muy instruido en la vacuna por haberla constantemente practicado a mi lado”, y Rafael Lozano Pérez. Hay que comentar que desde el 20 de marzo en Venezuela, la expedición se dividió: un grupo se dirigió a la América meridional con Salvany, que tras un inicial naufragio en la desembocadura del río Magdalena, enfermó de gravedad y quedó ciego del ojo izquierdo. La subexpedición dirigida por Balmis, compuesta por el resto de la tripulación inicial más seis niños de los solicitados a Vasconcelos, difundió la vacuna en las Antillas.

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Antonio Gutiérrez Robredo
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Para terminar, y respecto a Balmis, desde Acapulco se embarcó hacia Filipinas en 1806. Hizo escala en la isla de Santa Elena, en la costa oeste de África, desde donde fue introducida la vacuna en el continente, y llegó a España en donde fue nombrado inspector general de la Vacuna. urante la Guerra de la Independencia (1808-1814) tuvo que trasladarse a México y regresó en 1813. Al año siguiente fue designado cirujano de cámara de Fernando VII y pasó a pertenecer a la Junta Superior de Cirugía.

La expedición vacunó de forma directa a más de 250,000 personas.

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