Un desorden providencial

Hoy la #epistoria va de hongos. Y de un pintor aficionado ascendido a capitán del Ejército Real Británico en la Gran Guerra nacido campesino y escocés en 1881. Ésta es la historia de un desorden providencial que a la postre salvaría millones de vidas.

«El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito»

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Alexander Fleming nació en Darvel, Escocia, el 6 de agosto de 1881, hijo de Hugh Fleming (1816-1888) y Grace Stirling Morton en (1848-1928). Alexander fue el séptimo de ocho hermanos. De familia campesina, tras la muerte de su padre, con 13 años marcha a Londres.

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En aquel entonces, Alex quería alistarse en el ejército y así lo hizo. En el año 1900 se alistó en un regimiento con la intención de participar en la Guerra de los Boers pero esta guerra terminó antes de que Fleming pudiera desplazarse. Con 20 años, Fleming decidió estudiar medicina. Consiguió una beca en el St. Mary’s Hospital Medical School, donde se graduaría en 1908.

Allí se convirtió en bacteriólogo asistente de sir Almroth Wright, pionero en vacunas e inmunología. Fleming fue un alumno extraordinario y en 1908 logró la medalla de oro de la Universidad de Londres y comenzó a dar clases en el St. Mary’s hasta 1914

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Durante la Primera Guerra Mundial, Fleming sirvió en el Cuerpo Médico del Ejercito Real en el frente occidental, en Francia, y a su regreso obtuvo el puesto de profesor de Bacteriología en la Universidad de Londres.

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Aunque el concepto de bacteria había existido desde que Antonie van Leeuwenhoek lo describió por primera vez en 1683, no fue hasta finales del siglo XIX que Louis Pasteur confirmó que las bacterias causaban enfermedades.

Primeros descubrimientos. Fleming fue uno de los primeros médicos en Gran Bretaña en administrar arsfenamina (Salvarsan), un fármaco eficaz contra la sífilis que fue descubierto por el científico alemán Paul Ehrlich en 1910.

Durante la 1ª GM, junto a Wright, demostraron que el uso de antisépticos fuertes en las heridas era inadecuado y recomendó que las heridas simplemente se mantuviesen limpias con una solución salina suave.

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Su primer gran descubrimiento vino con la lisozima. Fue en 1922, y ocurrió cuando logró probar que la secreción nasal podía disolver determinados tipos de bacterias. Demostró después que dicha facultad dependía de una enzima activa, la lisozima.

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Pero por lo que se conoce a Sir Alexander Fleming es por el descubrimiento de Su «Medicina maravillosa».

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«A veces uno encuentra lo que no busca. Cuando me desperté después del amanecer del 28 de septiembre de 1928, desde luego no planeaba revolucionar los medicamentos al descubrir el primer antibiótico del mundo, o el asesino de bacterias. Pero supongo que eso fue lo que hice».

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La Penicilina Fue en 1928, fruto de un providencial desorden. En una mañana de septiembre de 1928, Alexander Fleming se sentó en su banco de trabajo en el Hospital St. Mary’s después de regresar de unas vacaciones en el Dhoon (su casa de campo) con su familia.

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Fleming estaba estudiando algunas colonias de estafilococos, unas bacterias que se encuentran de forma natural en nuestro organismo, aunque algunas especies son patógenas.

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Antes de irse de vacaciones, Fleming había apilado varias de sus placas de Petri, en un descuido. Y, observó las placas y se dio cuenta de algo: había zonas en las que las colonias de bacterias habían desaparecido. Ahí había entrado algo capaz de matar a las bacterias.

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Podía tratarse de una contaminación. Un moho. Fleming pasó varias semanas cultivando más moho e intentando determinar la sustancia particular en el moho que mató a la bacteria.

Las colonias que rodeaban al hongo habían sido destruidas, mientras que otras más lejanas estaban intactas. Identificó el moho como perteneciente al género Penicillium (Penicillium notatum) y, después de algún tiempo de «jugo de moho», el 7 de marzo de 1929 la llamó penicilina.

Lamentablemente, la penicilina tardó todavía unos quince años en convertirse en el agente terapéutico de uso universal que había de llegar a ser. Fleming no pudo aislar el elemento antibacteriano activo, y no pudo utilizarlo en humanos.

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No fue hasta 1940, cuando investigaciones desarrolladas en Oxford por el equipo que dirigieron el patólogo australiano Howard Florey y el químico alemán Ernst B. Chain, obtuvieron los primeros resultados satisfactorios con pacientes humanos.

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Para los estudios con animales y el ensayo clínico necesitaban purificar unos 500 litros de caldo de cultivo a la semana. Este increíble trabajo lo hacía un grupo de mujeres, las llamadas “chicas de la penicilina”, que cobraban 2 libras a la semana.

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El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial determinó que se destinaran a las investigaciones recursos lo suficientemente importantes como para que, ya en 1944, todos los heridos graves de la batalla de Normandía pudiesen ser tratados con penicilina.

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Como la II Guerra Mundial impedía seguir con la investigación en Europa, las farmacéuticas inglesas cedieron sus resultados a EEUU. Era vital contar con penicilina, ya que los alemanes ya usaban la sulfamida, resultado de los estudios de Gerhard JP Domagk (1895-1964).

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Fleming, por sus trabajos con la penicilina recibió recibió el #NobelPrize en 1945 de Fisiología y Medicina, junto con los científicos británicos Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain por sus contribuciones al desarrollo de la penicilina.

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Fleming fue miembro del Chelsea Arts Club, un club privado para artistas fundado en 1891 por sugerencia del pintor James McNeil Whistler. Aún existe.

Se cuenta como anécdota que Fleming fue admitido después de realizar «pinturas de gérmenes», pinturas que consistían en pincelar el lienzo con bacterias pigmentadas, las cuales eran invisibles mientras pintaba pero surgían con intensos colores después de incubar el lienzo.

Llegó a ser Rector de la Universidad de Edimburgo, miembro de la Royal Society en 1942 y el de académico de honor de la Real Academia de Medicina de Barcelona y varias condecoraciones como la Medalla al Mérito, condecoración civil que es concedida por el Presidente de EU.

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Hoy día, existe un Laboratorio Museo, que alberga el Laboratorio de Alexander Fleming, y que fue inaugurado por Peter Brook, Secretario de Estado del Patrimonio Nacional, el 21 de septiembre de 1993. Está situado en el histórico Hospital londinense de St. Mary.

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Alexander Fleming, el padre de la penicilina, murió el 11 de marzo de 1955 a los 74 años de edad en su casa de Londres tras sufrir un ataque al corazón. Su cuerpo fue enterrado como un héroe nacional en la cripta de la catedral de San Pablo.

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Y nada más. Como siempre, si han llegado hasta aquí el mérito no es mío sino suyo.

Gracias por leer.